“Soy lo que hago” es la tercera creencia de la primera triada de creencias de Mi Escuela de la Vida.

Si enseñas a tu hijo a ser coherente en pensamiento, sentimiento y acción, lo que le estás propiciando es salud emocional. Y si además le enseñas que su mentalidad ante las circunstancias de la vida crea su actitud, lo que le estás enseñando es a saber vivir.

Enséñale a cuestionarse


Enséñale a ver qué es lo que piensa y siente cuando cree que no puede lograr lo que quiere. ¿Qué es lo que piensa y siente en ese preciso instante cuando se siente una víctima? Enséñale a reconocer que en ese momento está escogiendo pensar sobre sí mismo de una determinada manera. Por ejemplo, si piensa que no dará la talla en un determinado asunto, puedes enseñarle a ver que se está victimizando. Y que eso es solo una opción.
No es lo mismo ser una víctima de una circunstancia concreta que victimizarse.
Victimizarse es una actitud vital. Te quita poder. Te hace sentirte inferior e indefenso. No te permite lograr los sueños que tienes. Ni siquiera te permite convertir tus sueños en metas, y mucho menos desarrollar un plan de acción.
Si tus hijos  se están victimizando a sí mismos, ayúdales a detectarlo. Hazlo sin juzgarlo. Hazlo sin rechazar sus sentimientos. Es muy importante entender esta parte de nuestra Escuela de la Vida: no se rechazan las emociones que se sienten. Si estas emociones están ahí, es por algo. Tienen algo que comunicar. Lo único que hay que hacer es gestionar esa emoción y ese estado mental, de tal manera que tus hijos consigan que sea simplemente un estado y no una forma de ser.
El niño ha de entender esta diferencia.
No es lo mismo sentirse impotente en un determinado momento, que sentirse impotente toda la vida y en cualquier circunstancia, como una forma de ser. Por lo tanto, enséñale a distinguir esta diferencia.

Ayúdale a ser coherente


Y cuando pensamiento y sentimiento van de la mano, hay coherencia. Si hay coherencia, también la habrá en la acción. Al fin y al cabo, nuestras acciones nos definen como persona.
Por ejemplo, si logra cambiar el pensamiento negativo por uno que le ayuda a tener mayor autoestima, inevitablemente se sentirá mejor. Y al sentirse mejor, actuará de forma diferente. En este caso de una forma más positiva y empoderada.
Puedes enseñarle a tu hijo a entender que cuando se ama, por ejemplo, se siente amor. Y que el amor es una acción.
Pienso que te amo-siento amor-hago acciones de amor hacia ti
Ésa ha de ser la secuencia de la coherencia. Es la secuencia de la salud. Es la secuencia de la verdad. Y finalmente es la secuencia que uno ha de emprender para ser congruente con sus propósitos.
Pienso-Siento-Hago
Y eso es lo que somos. Vivimos la verdad o la mentira. Vivimos lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. Vivimos esos momentos, uno detrás de otro. Y eso es lo que finalmente somos.
Yo soy = lo que hago
Recuerda que si enseñas a tus hijos la coherencia, la mejor forma de enseñar es a través del ejemplo.
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Cómo juntar pensamiento-emoción-acción


  • Retoma tu lista del otro día.
  • Piensa en las consecuencias emocionales de tus nuevas creencias.
  • Pregúntate: ¿qué acciones le corresponden a estas nuevas creencias?
  • Haz una lista.
  • Escoge una nueva acción.
  • Piensa en ella y apunta cómo sería emprenderla.
  • Empréndela hoy mismo.
  • Comparte este mismo ejercicio con tu familia.
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