“Soy lo que pienso” es la primera creencia de nuestra lista general, y es al mismo tiempo la primera creencia de la primera triada.

Las creencias de tus hijos


Como irás viendo, las 3 primeras creencias forman una triada. Ellas nos muestran lo que creemos que somos en realidad.
Antes de empezar a trabajar con cualquier tipo de creencias, es importante que el niño sepa primero que su forma de ser depende de lo que piensa. Conocer cómo funciona la mente ya es algo a aprender. Saber que nuestra identidad depende de lo que pensamos que somos ayudará al niño a seleccionar las creencias que le interesen.
¿Y qué creencias le interesan? Todas aquellas que sean coherentes con la salud emocional, es decir, todas aquellas que sean coherentes con lo que quiere de sí mismo y de su vida. No te preocupes, lo iremos viendo.
Para empezar, copia o descarga la imagen. Imprímela en grande o pequeño. Enmárcala o plastifícala. Tenla a la vista para ti y para tus hijos. Repásala de vez en cuando con ellos.

Tanto si eres padre, madre, abuelo, abuela, tío, tía, o cualquier profesional en el ámbito infantil, les estás enseñando lo más importante: cómo funciona la mente y la vida.
La inteligencia emocional es la parte más importante de la educación.
Y por supuesto, no te olvides que tu ejemplo es la mejor enseñanza.

Eres lo que piensas


“Eres lo que piensas que eres” es la creencia nº 1 de nuestra triada principal.
Si tu hijo piensa que no es importante, se comportará de acuerdo con esa idea. Puede que lo piense solo en un ámbito de su vida, por ejemplo con los amigos del cole. O puede que lo piense en general, en cualquier situación. En cambio, si piensa que es digno de amor, por ejemplo, entonces se comportará de acuerdo con esa idea. Le será más fácil acercarse a las personas que no conoce o permitirse hacer algo nuevo. Como ves, estas 2  creencias son creencias completamente opuestas, pero funcionan igual: determinan el comportamiento de tu hijo.
Por este motivo es tan importante prestarle atención a lo que piensa tu hijo e invitarle a pensar sobre lo que piensa.
Lo mismo sucede contigo: lo que piensas de ti determina lo que crees que eres, y por lo tanto afectará en lo que sientes y haces.

Cómo cambiar de creencias


  • Empieza por ti.
  • Observa lo que piensas de ti.
  • Apúntalo en una libreta.
  • Analiza cada creencia que no te favorezca.
  • Pregúntate por qué piensas de esta manera y no te juzgues. Solo entiende la causa.
  • Escribe la creencia que te gustaría tener. Esa creencia que te favorezca y suba tu autoestima.
  • Escoge la creencia que vas a empezar a trabajar durante un tiempo. Puede ser una semana o un mes, o hasta que sientas que ya has conseguido sentirte y comportarte de otra manera.
  • Piensa en cómo te haría sentir si te la creyeras.
  • Piensa en cómo te comportarías si te la creyeras.
  • Léela cada día y “juega” a sentirte y comportarte como si te la creyeras. Es la técnica del “como si”.
  • Ayuda a tus hijos a hacer lo mismo con sus propias creencias.

Tu niño interior


Si lo que quieres es trabajar tu niño interior, también te servirá. Tu niño interior es tu inconsciente. A éste le conviene estar de tu parte. Quizás  de pequeño no tuviste la oportunidad de crecer con inteligencia emocional. Es lo más habitual.
Pero nunca es tarde. Mantén los carteles bien a la vista. A fuerza de ir viéndolos una y otra vez, sabiendo que son la verdad, irán formando parte de tu inconsciente.
Elige tu verdad.
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